Sobre Nosotros

El origen que da sabor a nuestra historia

Este proyecto nace del amor tan arraigado en nuestra familia a este producto de nuestra tierra, tan arraigado a nuestra esencia vital desde que fuese introducido su cultivo por los fenicios en nuestro entorno.

La relación que mantenemos con este producto viene de numerosas generaciones pasadas, las cuales han estado relacionadas con esta materia como modo de vida.

La esencia humana detrás de cada gota

En primer lugar, Diego Rivas Cosano, ingeniero técnico agrícola, es un enamorado y estudioso de la materia desde su salida universitaria. Con más de 35 años de carrera profesional alrededor del AOVE, es uno de los máximos conocedores en la zona, siendo jurado de numerosos premios de prestigio y galardonado por su trayectoria y dedicación.

Gema Reina Gálvez, bióloga y con Alta Especialización en Aceites por el Instituto de la Grasa, tiene arraigada la presencia del olivar desde niña, al ser su familia productora en la zona. Como Diego, es gran conocedora del producto y cuenta con amplia experiencia en el aove, defendiendo la calidad y sostenibilidad como medio para la excelencia del producto, la salud y el arte culinario.

Diego Rivas Reina, graduado en ingeniería industrial, especialidad mecánica, continúa la línea de sus padres, estando relacionado con el producto desde niño, presente en su vida cotidiana y educación.

Pilar Rivas Reina, farmacéutica, autora de un trabajo sobre los beneficios del consumo de AOVE en la salud, continúa la línea de sus padres, relacionada con el producto desde niña.

Las 12 del Pilar: donde nace nuestro carácter

Una vez presentada la parte humana del proyecto, continuamos con la otra parte involucrada en la elaboración de este producto que amamos: la finca en la que nace el AOVE, Las 12 del Pilar. Empezando por la ubicación, esta finca de olivos se encuentra en un enclave único, en la convergencia de las provincias de Málaga, Córdoba y Sevilla, en pleno centro geográfico de Andalucía, como si se tratase del corazón de la misma, y a escasa distancia del río Genil, mayor afluente del principal río de Andalucía, el Guadalquivir.

Centrándonos en la finca, se trata de un cultivo de olivar tradicional de secano que, a diferencia de otros métodos de cultivo como pueden ser el intensivo, superintensivo o en seto —los cuales están destinados a obtener una mayor producción—, abarca una superficie de terreno mucho mayor por olivo que en los otros casos. Esto es un factor determinante porque, aunque la producción total es menor al haber menos olivos plantados, los recursos en cuanto a nutrientes que obtiene directamente del suelo cada árbol son muy superiores, al disponer de una superficie mayor para él.

El olivar que define nuestra excelencia

Ya que hablamos del suelo, cabe destacar que se trata de suelos franco-arenosos, óptimos para el cultivo, ya que presentan una aireación y permeabilidad elevadas. Esta zona es conocida como una de las mejores de Andalucía para el olivar debido precisamente a la calidad de sus suelos.

El clima de la zona también es idóneo, ya que sus temperaturas extremas tanto en verano como en invierno “estresan” al olivo de una manera que lo hace sacar lo mejor de sí. Otro detalle importante de nuestro cultivo es que se trata de un cultivo de secano, es decir, no se le aporta más agua que la que proporciona el clima. Por tanto, hay años con más lluvias y mayor producción, y otros con menos precipitaciones, en los que se obtienen producciones menores, recuperándose así el olivo de un cultivo forzoso como ocurre en las plantaciones de riego, donde se exige al árbol producir al máximo año tras año.

El arte del olivo tradicional

Por último, nos centramos en los olivos de la finca, los cuales son de diversas variedades, entre las que se encuentra la variedad seleccionada para nuestro AOVE: la variedad hojiblanca, autóctona de la zona y reconocida por producir uno de los aceites más potentes en cuanto a propiedades organolépticas y saludables, algo demostrado científicamente. También cabe destacar que se trata de olivos de edad avanzada, entre 80 y 200 años, siendo por tanto árboles consolidados y con una gran experiencia a sus espaldas.